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17 nov 2025

El milagro del servicio

Durante años caminé perdida entre el ruido, el vacío y la necesidad desesperada de no sentir. Creí que la soledad era mi destino y que el alcohol era mi único alivio. Pero cuando la negación ya no pudo sostenerme, la mano amorosa de mi Poder Superior —a través de Alcohólicos Anónimos— me devolvió un lugar en el mundo. Hoy sé que la verdadera transformación comenzó el día en que descubrí que servir es la forma más pura de amar… y de mantenerme viva.


Siempre me sentí sola, incomprendida, abandonada por mis seres queridos, rechazada por la sociedad. Sentía que no pertenecía a ningún lugar, que me faltaba amor… Quizás por eso buscaba siempre rodearme de personas, mantener ruido permanente en mi casa para no escuchar mis propios pensamientos ni mis emociones. Silenciaba mi conciencia intentando opacar el dolor por medio del trabajo, el estudio, las fiestas, el alcohol, las drogas, el sexo… cualquier cosa que me sacara de mi realidad.

El alcohol, mi fiel compañero, me otorgaba la felicidad y el alivio que creía merecer después de una vida de sufrimiento, entrega y sacrificio. Era la recompensa que yo misma me daba por tener que caminar aquel sendero pedregoso que consideraba era mi vida. Era mi luz en medio de la oscuridad. Poco entendía entonces que era él mismo el creador de esa oscuridad que me envolvía, que en lugar de afianzar mis amistades las alejaba, y que, en vez de hacerme mejor persona, poco a poco me destruía.

Después de muchos fondos, negligencia y una eterna negación, la mano de mi Poder Superior —usando la vara de Alcohólicos Anónimos— logró sacarme de ese hueco profundo, de paredes lisas y resbalosas, en el que me encontraba. Me brindó, con su misericordia, no una simple tabla de salvación, sino toda la divina providencia. Alcohólicos Anónimos me salvó la vida, me permitió construir el paraíso que hoy es mi existencia y me dio un propósito bajo el cual vivir: servir.

Aprendí que el verdadero alivio no está en recibir, sino en dar. Que el vacío que antes intentaba llenar con ruido, personas o placeres solo podía llenarse con amor en acción. En el servicio encontré sentido, y en cada gesto de ayuda descubrí un reflejo del amor de mi Poder Superior.

Al principio no entendía qué significaba realmente “trabajar con los demás”. Pensaba que era solo acompañar a alguien a una reunión o contestar el teléfono cuando una compañera pedía ayuda. Pero poco a poco comprendí que el servicio empieza mucho antes: con una sonrisa sincera, con un café compartido, con escuchar sin juzgar, con ofrecer tiempo y corazón. Cada llamada, cada reunión, cada conversación con una recién llegada se ha convertido en un recordatorio de mi propia recuperación. Cuando extiendo mi mano a otra mujer que sufre, recuerdo de dónde vengo y agradezco el milagro de estar sobria hoy. A veces pienso que ellas me salvan a mí más de lo que yo puedo salvarlas a ellas.

El servicio me ha devuelto la pertenencia que tanto busqué. Me ha mostrado que no estoy sola, que formo parte de algo más grande: una hermandad donde el amor no se mendiga, sino que se comparte. Ser madrina, coordinar una reunión, servir el café, abrir la puerta, leer, escuchar… cada pequeño acto es una oración silenciosa, una manera de decirle a mi Poder Superior: “Gracias por esta nueva vida. Gracias por dejarme ser útil.”

A través del servicio he aprendido a mirar a las demás con compasión, sin sentirme superior ni inferior a nadie. He aprendido que cada una carga su propio pasado, su dolor y sus luchas, y que el simple hecho de poder acompañar a otra mujer en su proceso es un privilegio sagrado. He visto cómo una palabra de aliento, un abrazo o una mirada de comprensión pueden encender una chispa de esperanza en quien pensaba que ya no había salida. Es en esos momentos cuando siento que mi Poder Superior actúa a través de mí, y entiendo que el propósito de haber vivido tanto dolor fue poder tender la mano a quien hoy camina el mismo sendero.

El servicio también me ha enseñado humildad. No siempre es cómodo ni brillante. A veces implica barrer el salón después de la reunión, preparar el café sin que nadie lo note, escuchar en silencio cuando mi ego quiere hablar, o aceptar que no tengo todas las respuestas. Pero es precisamente ahí, en esas pequeñas acciones invisibles, donde he encontrado la verdadera grandeza del programa: servir sin esperar reconocimiento, amar sin condiciones, ayudar sin medir.

Hoy entiendo que la soledad que antes me asfixiaba se ha transformado en silencio interior, en serenidad. Ya no huyo del ruido de mis pensamientos, porque sé que no estoy sola: Él camina conmigo, y me ha regalado hermanas en el camino. Mujeres valientes, honestas, que me enseñan cada día con su ejemplo que la sobriedad es un regalo que se cuida compartiéndolo.

Al mirar atrás, comprendo que cada caída, cada lágrima y cada error me prepararon para este momento. El servicio no solo me mantiene sobria: me mantiene viva, presente, agradecida. Hoy mi vida tiene un propósito que trasciende mis miedos. Soy parte de una cadena de amor y esperanza que me une a otras almas en busca de la misma luz que un día me fue concedida.

En el servicio encontré mi libertad, mi propósito y mi paz. Y cada día, al despertar, le pido a mi Poder Superior que me permita seguir siendo un instrumento de Su voluntad, porque sé que mientras sirva con amor, jamás volveré a estar sola.

Alexandra P., Bogotá D.C. 
13 de noviembre de 2025


9 jul 2025

Servidores de AA en Bogotá

MI HISTORIA DE RECUPERACIÓN Y SERVICIO EN ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS

Un Nuevo Comienzo

El 12 de julio de 2019 tomé la decisión más importante de mi vida: iniciar un proceso de recuperación en Alcohólicos Anónimos. En ese momento, mi vida era un caos absoluto. No había paz ni tranquilidad. Cada día me preguntaba si existía algún motivo para seguir viviendo. Mi adicción me había llevado a cometer actos que nunca imaginé que sería capaz de hacer.

Entonces encontré el grupo Venecia de Alcohólicos Anónimos. Al principio, no entendía mucho del programa. Mi enfermedad estaba muy avanzada y no lograba comprender muchas cosas. Sin embargo, con el tiempo, comencé a trabajar en mi recuperación junto a un padrino.

Empecé a entender que no podía hacerlo sola y que necesitaba ayuda. Trabajé los pasos del programa, escribiendo sobre mis sentimientos y experiencias. Descubrí que Dios siempre había estado conmigo, pero yo no le había dado espacio para actuar en mi vida.

Mi servicio en Alcohólicos Anónimos ha sido fundamental en mi proceso. Mi primer servicio fue como literata (Representante de Literatura). Luego continué como RSG suplente, y ahora tengo el honor de ser RSG principal de mi grupo Venecia.

Este servicio me ha permitido conocer personas increíbles que me han enseñado humildad y amor por Alcohólicos Anónimos. Me he dado cuenta de que no se trata solo de dejar de beber, sino de encontrar mi valor y propósito.

Si alguien me preguntara cómo puedo devolverle a la comunidad todo lo que han hecho por mí, diría que siempre hay un lugar para servir. Desde el tinto que se sirve en la greca hasta el brazo que hay que lavar, hay mil cosas por hacer.

El servicio es fundamental en Alcohólicos Anónimos porque me da pertenencia, me ayuda a valorar y me compromete con la comunidad. Si realmente estás agradecido, te invito a involucrarte y a ser parte de esta maravillosa experiencia.

Espero que mi historia pueda inspirar a otros a buscar ayuda y a encontrar su lugar en Alcohólicos Anónimos. La recuperación es posible, y con el apoyo de la comunidad y el servicio, podemos superar cualquier obstáculo.

El servicio es clave para mantenernos sobrios y para ayudar a otros a encontrar su camino hacia la recuperación.

Leidy Viviana H.
RSG Grupo Venecia,
Distrito 8 Área C3 Bogotá



15 mar 2025

EXPERIENCIA DE UN JOVEN EN EL SERVICIO

El servicio en AA es fundamental y requiere un trabajo previo: la recuperación, es decir, el trabajo de los Pasos. Desde la primera vez que entré a un Grupo de AA, comprendí que, si quería mejorar mi vida, debía dejar de beber y seguir el proceso de los Pasos, pues es el camino para alcanzar un Despertar Espiritual. Esto implicaba un cambio profundo en mi personalidad.

Mi proceso de recuperación comenzó con la derrota total de todo lo que había sido mi vida.

A los 22 años, fui plenamente consciente de la futilidad y la infelicidad en la que vivía, así como de los escasos resultados que había obtenido hasta ese momento. En ese punto de desesperación, supe que necesitaba más ayuda. Para empeorar la situación, mi Grupo base se encontraba en un estado precario: no abría en los horarios establecidos, a veces ni siquiera abría; solo había uno o dos servidores comprometidos, no existía una estructura clara en las reuniones ni Comités establecidos, y el trabajo de los Pasos carecía de claridad. No había padrinos realmente confiables y el Grupo parecía estar en decadencia.

Debido a la falta de servidores y compromiso en el Grupo, al mes de haber ingresado me entregaron una llave. Un servidor con muchos años en la comunidad, que ya no podía asistir regularmente, me la dio. Desde ese momento, asumí la responsabilidad de abrir las puertas y mantener el Grupo en funcionamiento. Ese acto despertó en mí un sentimiento de compromiso tanto con mi recuperación como con el Servicio. 

 Empecé a hacer café, limpiar el Grupo ocasionalmente y compartir mis experiencias.

A los dos meses, debido a la inasistencia de los coordinadores diarios, comencé a coordinar reuniones, dar información a los recién llegados y rodearme de compañeros que trabajaban los Pasos. En los días en que nadie asistía y me quedaba solo en el Grupo, me dediqué a leer el Texto Básico y Doce Pasos y Doce Tradiciones. Decidí trabajar los Pasos enfocándome en accionar y vivir uno por mes.  

Con el tiempo, se organizó un estudio del Texto Básico, y decidí trabajarlo junto a un veterano que se convirtió en mi primer padrino.

Con su ayuda, completé mi primera ronda de Pasos. Todo parecía alinearse: apadrinamiento, trabajo mensual de Pasos y Servicio en la coordinación diaria o en cualquier área en la que pudiera ayudar.

Era evidente que necesitaba ayuda. Me sentía derrotado y sin fuerzas, pero el servicio de los pocos compañeros comprometidos y mi propio servicio generaron un efecto sorprendente. En esos primeros meses, no volví a beber ni tuve que hacer uso de mi fuerza de voluntad; desapareció la obsesión mental. Se produjo un milagro en mis primeros seis meses.

Más adelante, al ser elegido Representante de Literatura (RL), las Tradiciones comenzaron a cobrar un significado profundo en mi vida. Un ensayo titulado ¿Por qué AA es anónimo?, contenido en libro “El Lenguaje del Corazón”, llegó a mí como un rayo de luz. Gracias a él, comprendí el verdadero significado de las Tradiciones y cuál debía ser mi comportamiento como servidor.

El trabajo de los Pasos es fundamental para el servidor, porque el servicio requiere la destrucción del egocentrismo, dejar de lado mi voluntad y establecer un nuevo orden en mi vida: Dios, los demás y, por último, yo mismo. Al prestar servicio, debo tener claridad en mi paso 4 y 5, y esforzarme con disciplina para continuar con los pasos 6, 7, 8, 9, 10, 11 y 12. Sólo cuando asimilo estos nuevos principios puedo actuar con amor genuino, es decir, de manera altruista, detenerme cuando mis defectos me invaden y contribuir a la unidad de mi grupo.

Tengo claro algo: el servicio se refleja en cada una de nuestras acciones dentro del Grupo, aquellas que fortalecen la Unidad.


José Daniel C.
RSG Grupo Granada Norte,
Distrito 2 Área C3 Bogotá

2 may 2022

BOLETIN NOTIAREA 112


       
       Presentamos nuestro ultimo Boletín Notiarea 112

     Accede al contenido:  NOTIAREA 112 

https://drive.google.com/file/d/13c20x6Lrdpp5j10TC-oiANXJRnd2Rf10/view?usp=sharing

30 abr 2021

Alcohólicos Anónimos en mi vida ayer, hoy y mañana

 Ayer, caminábamos en las oscuras sendas de nuestras vidas, en una búsqueda incierta, sin luz, sin sentido, ignorando quienes éramos y nuestra razón de ser en el universo, gran parte de nuestra energía vital y de nuestras semillas fueron depositadas en tierra estéril. 

Ayer; cargando pesadas cadenas solo un destino era seguro, el de la autodestrucción y la muerte.

Hoy, la vida nos privilegia estando en Alcohólicos Anónimos, unidos por fuertes lazos de hermandad, con puntos de convergencia que nos permiten conocernos en los otros, para respetarnos, aprender a pensar, a sentir y a ejercer responsablemente nuestra libertad. Juntos en la sencillez y en la profunda sabiduría de la cotidianidad, movidos por la fuerza de Dios en el amor, sentimos que no estamos solos, nos ubicamos en la realidad, crecemos y aprendemos a vivir.

Mañana una vez rotas nuestras cadenas, recogeremos los frutos de nuestras luchas.

Mañana como personas libres, sobrias y dignas, haremos nuestro aporte a la sociedad y compartiremos con alegría y esperanza el sentido de nuestras vidas.

Que la Luz, El Amor y Él Poder Superior te acompañen por siempre.

"Que así sea"


Javier V.
Coordinador Comité de Área
2020-2021